Detrás de un Gran Hombre hay una Gran Santidad PDF Imprimir E-mail
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Hno. German Diaz
29 de Junio - Dia del Papa
 por Germán Díaz
Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social
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 ¿Quién iba a pensar que un hombre de 83 años sería quien animara a la Iglesia con tanta santidad y entrega, una vez cumplida la primera década del siglo XXI? Podríamos llamarlo a Joseph Ratzinger el Papa de la unidad, quizá por sus muchos esfuerzos en lograrla, aunque algunos no lo vean o no lo quieran ver. A lo largo de su pontificado, que ya lleva 5 años, no descansó prácticamente nada. Primero por sus iniciativas personales y segundo por las exigencias pastorales propias de un líder como él: estar al frente de una institución mundial como la Iglesia, en continuo crecimiento, y en donde, por supuesto, problemas nunca faltan.
 
Benedicto XVI, que se caracteriza por la mesura y una voz que destella paz, absorbiendo todo lo malo que, día a día, debe enfrentar, deja salir, de sus labios, palabras de vida, mensajes llenos de amor al enemigo, con profundidad evangélica. Con tanta humildad, se acerca a los lugares más importantes de audiencia y sorprende a las más altas autoridades con su gran fe y convicción. Benedicto podría haber caído en el cansancio o la desesperación con tantas difamaciones sobre su persona y su Iglesia: Pero traga vinagre y devuelve miel. Su rostro trazado por la experiencia y la sabiduría esboza una sonrisa fresca. Muchos, ciertamente, quisieran verlo derrotado. Tal vez, dirán: “A este anciano lo vamos a destruir”. Joseph Ratzinger es fuerte, pero su fortaleza es sobrenatural. ¿Quién se anima a negarlo?
 
Los escándalos, las difamaciones, los “chusmeríos” abundan, pero hay una caña que no se quiebra, hay una luz que no se apaga. Es un Papa fuerte: Es Benedicto quien mira más allá de toda disputa, de persecuciones, de alarmantes niveles de violencia. Se nota y se percibe en su rostro que su “reino” no es de este mundo, o mejor que su “reino” no es suyo, sino de Cristo. ¿Y quién puede alejarnos del amor de Cristo? Tal como dice Romanos 8, 35-39: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero. Pero, en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Creo que Benedicto leerá, muy a menudo, esta cita de san Pablo.
 
Benedicto “no se cree”. No hace alarde de su condición. Es Pastor de sus ovejas y eso lo tiene muy claro. Su intensa actividad, su mirada de fe, su sonrisa espontanea es de quien está seguro de que ésta no es su obra, sino de Dios. Nuestro Papa muestra caridad con todos, especialmente con los que continuamente lo atacan. ¿Venganza? ¿Soberbia? ¿Alguna ironía cuando saluda desde su balcón? ¡Nada! Benedicto no se defiende, no levanta la voz. Sigue adelante. Ama a Dios y a la Iglesia. Sereno, sólo espera cumplir con la misión que Dios le encomendó y su pueblo espera.
 
Benedicto XVI tiene algo o mucho de santo. Tiene mucho de sabio, cada discurso es un derrame de su abundante conocimiento iluminado. Benedicto XVI es un hombre y siente,  probablemente, sufre los ataques de tantos enemigos. Ante sus seguidores que lo aclaman, sonríe y disfruta. Se deja querer. Mucha gente lo ama, lo admira y lo alienta casi como en una cancha de fútbol o en un recital de un súper star; pero eso casi no se muestra en los noticieros. Benedicto se lo merece. Este Papa, con sus 83 años, es un gladiador, sabe luchar contra leones y hasta serpientes. No le dan tregua, ni respiro. Sus enemigos no lo escuchan, no entienden el lenguaje del Evangelio, no conocen de amor ni de perdón.
 
¿Qué líder mundial está en el banquillo de los acusados constantemente como nuestro Papa? ¿Qué personaje universal pide perdón como lo hace Benedicto? ¿Quién más quiere pegarle al Papa? Es gratis, pero “perdónalos porque no saben lo que hacen”.(1) Para Benedicto, las palabras no son  adornos, sino vivencia. Hoy, en su ancianidad, vive lo que, tal vez, por mucho tiempo, predicó o enseñó. A lo mejor, en el último retazo de su vida, se haga definitivamente santo, porque esta misión que tan fielmente la lleva a cabo no es del todo gratificante. No es, en sus sombreros o túnicas, donde encuentra el sosiego o el regocijo. Joseph Ratzinger se encuentra fortalecido por su entrega cotidiana a la voluntad de Dios. Sospecho que hay un gran amor de por medio, y es el de Cristo glorificado. Mientras cualquier hombre de su edad está retirado o disfrutando de su siembra, Benedicto está activo, sin claudicar, atento a su campo de misión. Para él tomar la cruz significa comprometerse en derrotar al pecado que obstaculiza el camino hacia Dios, acoger cotidianamente la voluntad del Señor, acrecentar la fe sobre todo ante los problemas, las dificultades, el sufrimiento (2);  esto lo afirmó recientemente. ¡Cuántos obstáculos! ¡Cuántas dificultades! ¿Quién mejor que Benedicto para comunicar algo que de verdad él lo vive? También, en la misma oportunidad, citó a Edith Stein: Más se hace oscuro a nuestro alrededor, tanto más debemos abrir el corazón a la luz que viene de lo alto. Se puede percibir su luz y la oscuridad que acecha a su alrededor.
 
No hace mucho que el Papa les dijo a los sacerdotes este mensaje que contiene mucho de su sabiduría personal: Quien quiere, ante todo, realizar una ambición propia, alcanzar éxito propio será siempre esclavo de sí mismo y de la opinión pública. Para ser considerado, deberá adular; deberá decir aquello que agrada a la gente; deberá adaptarse al cambio de las modas y de las opiniones y, así, se privará de la relación vital con la verdad, reduciéndose a condenar mañana aquello que había alabado hoy. (3) Benedicto va contra la cultura de la muerte, del placer, del consumismo, de la irresponsabilidad y con ello arrastra su propio martirio. Benedicto XVI es un gran hombre, y detrás de él hay una gran santidad.

 


(1) Lucas 23, 34

 
(2) 25 de junio de 2010 (ZENIT.org)
 
(3) domingo 20 de junio de 2010 (ZENIT.org)
 
 
 
 
                         
por Germán Díaz
Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social
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